15-12-2011
ORHAN PAMUK PREMIO NOBEL DE LITERATURA El escritor turco es admirado tanto por sus novelas como por su postura a favor de las libertades y los derechos humanos y se lo ve como un puente entre la cultura oriental y la occidental. Ayer conversó con El Observador
LUIS ROUX P LROUX@OBSERVADOR.COM.UY
Orhan Pamuk está convencido de que las novelas son esenciales para entender la vida, más que cualquier otro texto teórico o literario y que, si bien cree en Dios, su religión es la literatura. El premio Nobel de Literatura de 2006 ha sido elogiado por la valentía con que habló de temas tabú en su Turquía natal, como el genocidio de los armenios. Pero no se siente valiente sino que sostiene que a veces no puede mantener la boca cerrada.
Pamuk estuvo en Montevideo en medio de una gira por América Latina y conversó con El Observador sobre la literatura, la política, la felicidad, el dolor y otros temas de actualidad.
Jorge Luis Borges dijo que las opiniones son lo más efímero que tiene un autor y que no deberían interferir en su obra. ¿Está de acuerdo?
Sí. Pero por otro lado, las opiniones, si bien no son, no deben ser, una parte importante del trabajo del autor, sí son una parte importante del espíritu del autor.
¿Qué lugar deberían ocupar en una novela?
Una novela no debería ser una excusa para hacer propaganda política. No escribo novelas para hacer comentarios políticos. Tengo ideas políticas pero trato de olvidarlas cuando escribo e identificarme con la visión del mundo que tienen mis personajes. Las novelas son estructuras polifónicas, en las cuales todas las voces deberían estar representadas. Las ideas políticas que puede contener una novela no vienen del partido político al que perteneza el autor sino de su deseo de identificarse con las personas que no son como él. Cuando escribo una novela como Nieve, me identifico con la visión de los políticos islamistas, como si creyera en esa visión, para representarlo de manera realista y precisa. Eso no quiere decir que yo sea un político islamista. Tengo mis serias críticas sobre ellos.
¿Cómo vive la responsabilidad de ser un autor famoso?
La responsabilidad es problemática. Yo soy un autor conocido internacionalmente y todo el mundo me pregunta sobre Turquía y la política, y el Este y el Oeste. Es una responsabilidad que acepto pero estoy igualmente preocupado por el hecho de que toda esta seriedad y responsabilidad pueda matar al niño en mí, que es el que quiere escribir novelas, el que quiere jugar con las palabras, el que es creativo.
¿Cómo está ese niño? ¿Es saludable? ¿Es feliz?
Está vivo. Estoy escribiendo. Pero hay que cuidarlo, dejar que disfrute de su imaginación. No preocuparse por las consecuencias políticas o sociales de lo que este niño quiera hacer. Quiere estar solo en un cuarto y jugar con la lapicera y el papel y escribir distintas cosas. El Premio Nobel me hizo ser aun más ambicioso. Tengo más lectores. Debo dirigirme a ellos y me gusta hacerlo.
¿Qué más cambió con el Premio Nobel?
Mucho, pero nada de lo que deba quejarme. He conocido a muchos ganadores del Nobel que se quejan de que el teléfono suena demasiado y cosas así. Están contentos pero posan como si estuvieran contrariados. Siempre se puede apagar el teléfono. Me trajo una responsabilidad extra pero la acepto. Y también me trajo muchos más lectores.
¿Disfruta de la fama?
Yo no lo planeé. Tiene un lado disfrutable y hace la vida más fácil pero también tiene sus problemas. Vivo con guardaespaldas. Todos los ojos están en mí y hay que tener cuidado.
¿Alguna vez ha pensado en dejar de escribir?
No. Es una gran alegría, es un don de Dios, que se me concedió de por vida. Lo amo. No tengo quejas. Me considero una persona muy afortunada, porque he podido cumplir mi sueño de ser un escritor, de que esa sea mi profesión. Tengo muchos amigos que en su juventud también querían ser escritores pero no fueron tan afortunados como yo.
¿Y qué hay del dolor?
¿Dolor?
Sí, dolor.
Bueno, siempre estuvo de moda quejarse del dolor: «Estoy sufriendo por ustedes, por favor lean mis libros». Pero yo no. Quiero decir: requiere disciplina y trabajo arduo. Hay que dejarse llevar y a la vez ser muy consciente. No hay belleza sin esfuerzo y yo quiero que mis novelas estén bellamente creadas. Sé que reescribir, cambiar, editar, son tareas que a veces son dolorosas pero siempre producen resultados que me hacen feliz.
¿Escribe siempre?
Siempre. Y me gusta. Me gusta escribir diarios, notas, cosas chicas, y ensayos, además de las novelas, claro.
Entonces usted es feliz.
Sí, soy feliz y no me avergüenzo de mi felicidad.
Usted ha debido enfrentar graves acusaciones por sus dichos. ¿Se siente una persona valiente?
No me veo así. Si alguien me lo dice, aunque me halaga, sé que no es verdad. Lo que pasa es que a veces no me puedo callar la boca, pero no soy una persona políticamente motivada. Esencialmente, mi única motivación es escribir buenos libros. Pero a causa de mi fama internacional, la política me toca de forma inevitable. Y tengo que ser digno y defender mi derecho de expresión. No hay nada más que eso.
¿Ha leído a los escritores latinoamericanos?
Sí, he sido influido por ellos. Me gustan Borges y García Márquez.
¿Vargas Llosa?
También.
¿Onetti?
Sí, también. Uno de sus libros está publicado en Turquía.
En su obra ha jugado a menudo con la intertextualidad.
Mi nombre es rojo es un buen ejemplo de intertextualidad, porque es una combinación de alegorías místicas y cultura clásica islamita sufí, combinadas con la novela europea moderna. Creo que aparece algo nuevo cuando se juntan cosas distintas que se supone que no congenian. Me gusta eso.
Fue acusado de plagio por usar esa técnica.
Sí, he tenido problemas. Pero no me gusta revisar los problemas del pasado. Estoy vivo y saludable y muy ocupado con mis novelas.
¿Cree en Dios?
Creo en Dios, pero soy secular. La religión no tiene un gran espacio en mi vida. Mi religión es la literatura.
¿Es optimista?
Debería ser optimista, porque escribo libros y espero comunicarme con los demás, con gente que lee libros para entender el mundo. Parte de escribir un libro es un inmenso optimismo sobre la humanidad. Montaigne entendió una cosa: todos los seres humanos son más o menos parecidos. Si escribo sobre mí mismo, otros lo entenderán. Eso es optimismo. La literatura está basada en ese tipo de optimismo: que la comunicación entre seres humanos es posible y que hay un significado en escribir; que tiene sentido escribir sobre el mundo. Que ayuda, que lo necesitamos.
«Siempre estuvo de moda quejarse del dolor”
15/Dic/2011
El Observador, Luis Roux